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martes, 2 de diciembre de 2014

Derroche alimenticio: un banquete tirado a la basura


Casi una cuarta parte de la comida que se produce en el mundo se desperdicia. Así se destaca en un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que revela que de los 6.000 millones de toneladas de alimentos que se obtienen al año en todo el globo, 1.300 millones no llegan a la mesa o acaban en el contenedor.

Según José Graziano da Silva, director general de esta institución, “no podemos permitir esta situación cuando cada día 870 millones de personas pasan hambre”.






Es más, el proceso de producción de la comida que no se ingiere requiere el equivalente en agua al río Volga, el más caudaloso de Europa, e inyecta en la atmósfera 3.300 millones de toneladas de gases de efecto invernadero. La FAO estima que el coste de este fenómeno es de 750.000 millones de dólares. Las pérdidas y sus causas varían entre las distintas zonas del mundo. Por ejemplo, en los países más desarrollados, el mayor despilfarro se da entre los consumidores y durante la obtención de los alimentos, mientras que en África y Asia, ocurre en el almacenamiento y manipulado.


Fuente: muy interesante

lunes, 1 de diciembre de 2014

¿Cuántos grupos sanguíneos existen realmente?


En 2012, los científicos dieron a conocer al mundo el descubrimiento de Langereis y Junior. No se trataba de dos extraños satélites del planeta Júpiter desconocidos hasta entonces, ni tampoco acababan de salir a la luz dos nuevas especies de hongoshalladas en recónditas cuevas. Lo que habían encontrado eran proteínas presentes desde hace milenios en ¡los glóbulos rojos de nuestra propia sangre!.

El biólogo Bryan Ballif, investigador de la Universidad de Vermont, en EE. UU., y responsable del estudio, precisó que estos nuevos grupos sanguíneos son frecuentes en el este de Asia, especialmente en Japón. Las dos proteínas recién identificadas fueron bautizadas como ABCB6 y ABCG2, y todo apunta a que están asociadas con ciertas resistencias a algunos medicamentos anticancerosos, por lo que el hallazgo podría tener implicaciones también en determinados tratamientos contra esta enfermedad, como adelantaban los científicos en la revista Nature Genetics.

En definitiva, si te cuentas entre quienes creen que solo existen cuatro tipos de sangre –los famosos A, B, AB y 0 descubiertos en 1901 por el patólogo y biólogo austriaco Karl Landsteiner–, estás equivocado. El sistema AB0 es solo uno de los que se usan –el más conocido y útil hasta la fecha– para agrupar ciertas características de la sangre en base a la presencia o ausencia de determinadas moléculas.

Pero los científicos han identificado otros 32 grupos sanguíneos más, que, aunque son mucho menos comunes que los cuatro mencionados, también pueden resultar cruciales. Es decir que, además de AB negativo, podrías ser M, FY3 y K, por citar solo tres tipos reconocidos oficialmente por la Sociedad Internacional de Transfusión Sanguínea (ISBT, por sus siglas en inglés). Esto supone que existen millones de combinaciones posibles, de tal modo que, en teoría, el grupo sanguíneo podría ser tan único como la huella dactilar.




Fuente: Muy interesante

martes, 18 de noviembre de 2014

El consumo de hasta cuatro tazas diarias de café puede reducir un 25% el riesgo de diabetes


El consumo diario de café puede reducir el riesgo de una persona de desarrollar diabetes tipo 2, hasta un 25% si son de tres a cuatro tazas diarias, según el informe anual del Instituto de Información Científica, publicado con motivo de la celebración del Día Mundial de la Diabetes.
En concreto, y como se refleja en este documento, la evidencia epidemiológica muestra que beber tres o cuatro tazas de café al día se asocia con un 25% menos de desarrollar diabetes de tipo 2 en comparación con no tomar café o menos de dos tazas al día.
La investigación sugiere también una asociación inversa, es decir, favorable: con cada taza adicional de café se reduce el riesgo relativo de desarrollar diabetes de tipo 2 en entre un 7% y un 8%. Sin embargo, los autores del texto indican que es poco probable que la cafeína sea la responsable de este beneficio.
Un análisis reciente sugiere que el consumo tanto de café con cafeína y descafeinado se asocia con un menor riesgo de diabetes tipo 2. Además, el tipo de café también puede tener relación: el café filtrado posee un mayor efecto protector que hervido y el descafeinado es más protector que el que tiene cafeína.
Más de 380 millones de personas en todo el mundo padecen diabetes.
Una taza de café humeante

Los niños pequeños y las bebidas energéticas son una mezcla peligrosa

Los peligros potenciales de las bebidas energéticas, esos elíxires llenos de cafeína que prometen mantener el sueño alejado, son bien conocidos, pero un estudio reciente sugiere que incluso los niños pequeños están en riesgo.
Aunque el mercado objetivo de las bebidas energéticas son por lo general los adolescentes y los adultos jóvenes, más del 40 por ciento de los informes realizados a centros de control de intoxicaciones de EE. UU. en un periodo de tres años fueron sobre niños menores de seis años de edad, apuntó el autor del estudio, el Dr. Steven Lipshultz, jefe de pediatría del Hospital Pediátrico de Michigan, en Detroit.
"Alrededor de la mitad de las llamadas al sistema nacional de control de datos de intoxicaciones por bebidas energéticas con cafeína se relacionaban con la exposición accidental de niños menores de seis años", anotó. En los casos más graves, se reportaron convulsiones y problemas del corazón, encontró el estudio.
Lipshultz comentó que lo típico es que un niño pequeño halle la bebida en la nevera y la consuma. "No fueron a la tienda de la esquina a decir que querían comprar una bebida energética", dijo.
Lipshultz presentará los hallazgos el domingo en la reunión anual de la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association), en Chicago. Los estudios presentados en reuniones médicas se deben considerar como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.
Para el estudio, Lipshultz y sus colaboradores analizaron datos del Sistema Nacional de Datos sobre Intoxicaciones de la Asociación Americana de Centros de Control de Intoxicaciones (American Association of Poison Control Centers). Observaron la información de las llamadas sobre las exposiciones a las bebidas energéticas de 55 centros de control de intoxicaciones distintos del sistema.
Los investigadores examinaron los datos desde octubre de 2010 hasta septiembre de 2013. Antes de 2010, el sistema no rastreaba las bebidas energéticas, apuntó Lipshultz.
Dijo que los hallazgos muestran que la exposición a las bebidas energéticas es un problema sanitario actual. En 2011, después de que una investigación previa de Lipshultz mostrara los peligros de las bebidas energéticas, la Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics) dijo que las bebidas energéticas no tenían ningún lugar en las dietas de los niños.
En el periodo estudiado, hubo más de 10,000 casos de exposiciones a las bebidas energéticas, y más de 5,000 fueron exposiciones a una sola sustancia con contenidos que se pudieron identificar. De esas, más del 40 por ciento fueron en niños menores de 6 años.
Entre todos los informes de problemas importantes, más del 50 por ciento tuvieron que ver con problemas cardiovasculares, y más de la mitad incluyeron problemas neurológicos, como convulsiones.
Algunas bebidas energéticas tienen hasta 400 miligramos (mg) de cafeína por porción, apuntó Lipshultz, en comparación con unos 100 o 150 mg en una taza de café típica.
La intoxicación por cafeína puede ocurrir a niveles superiores a 400 mg al día en los adultos, advirtió, y superiores a 100 mg al día en los adolescentes. En los niños menores de doce años, 2.5 miligramos de cafeína por cada 2.2 libras (1 kilo) de peso corporal pueden ser un peligro, enfatizó.
Un grupo que representa a los fabricantes de bebidas comentó que las bebidas energéticas de ninguna forma se destinan al consumo de los niños pequeños.
"Los principales fabricantes de bebidas energéticas colocan voluntariamente declaraciones en los paquetes de bebidas energéticas que señalan que dichas bebidas no son para los niños", dijo la Asociación Americana de Bebidas (American Beverage Association) en una declaración. "También se han comprometido voluntariamente a no mercadear esos productos a los niños ni venderlos en las escuelas de kínder a décimo segundo curso".
El grupo también anotó que "según los datos gubernamentales más recientes publicados en la revista Pediatrics, los niños menores de doce años no consumen casi nada de cafeína a partir de las bebidas energéticas".
Cuando las bebidas se mezclan con alcohol, los problemas pueden empeorar, halló Lipshultz. Los que tienen problemas cardiacos subyacentes pueden correr un mayor peligro.
"Los hallazgos de este estudio desafortunadamente no son sorprendentes, dado el mercadeo empedernido de las bebidas deportivas y de energía a los jóvenes, y los datos nacionales han ofrecido evidencias de que esas bebidas están siendo consumidas por niños pequeños", lamentó Nicole Larson, investigadora principal asociada de la Universidad de Minnesota.
Las graves consecuencias de salud del consumo en los niños pequeños descritos en el nuevo estudio son preocupantes, afirmó. Los hallazgos apuntan a la necesidad de que los padres, los profesionales sanitarios, los entrenadores y los maestros continúen con sus esfuerzos por reducir el mercadeo y la disponibilidad de las bebidas energéticas para los niños.
Larson recordó a los padres que la Asociación Americana de Pediatría desaconseja que los niños consuman bebidas energéticas. En vez de ello, planteó, los padres pueden ayudar a sus hijos a adoptar unos hábitos saludables de hidratación "al enfocarse en el agua para recuperar los fluidos tras el ejercicio, y en el consumo de bebidas saludables como la leche sin grasa en las comidas".

Trabajar de noche aumenta el riesgo de engordar

La mayoría de los trabajadores adquieren hábitos de comer durante sus turnos

Desempeñar una actividad profesional durante la noche y, por lo tanto, dormir en horario matinal provoca que quemen menos energía durante un periodo de 24 horas que los trabajadores con un horario normal, incrementando así su riesgo de aumento de peso y obesidad, según concluye un nuevo estudio dirigido por la Universidad de Colorado en Boulder, Estados Unidos.
Los investigadores han sabido que las personas que trabajan y, por lo tanto comen, durante la noche cuando sus cuerpos están preparados biológicamente para dormir son propensos a subir de peso, pero hasta ahora no estaban claras las razones.
En el nuevo estudio, publicado en 'Proceedings of the National Academy of Sciences' 14 adultos sanos pasaron seis días en Centro de Investigación Clínica y Traslacional del Hospital de la Universidad de Colorado. Durante los dos primeros días, los participantes siguieron un horario normal de dormir por la noche y permanecer despierto durante el día y luego pasaron a un horario de trabajo por turnos durante tres días, inviertiendo sus rutinas.
"Cuando las personas estuvieron en un horario de trabajo por turnos, su gasto diario de energía se redujo y, a menos que disminuyeran su ingesta de alimentos, esto por sí solo podría conducir a un aumento de peso", señala Kenneth Wright, director del Laboratorio del Sueño y Cronobiología de la Universidad de Colorado y autor principal del artículo.
Durante el experimento, se controlaron cuidadosamente las comidas de los participantes y se les dio la cantidad de comida que normalmente necesitan tomar en casa para mantener su peso. Cuando los participantes pasaron al horario de trabajo por turnos, el momento de las comidas cambió, pero la cantidad total de calorías se mantuvo igual.
Los participantes tuvieron la misma oportunidad de dormir ocho horas, independientemente de si esas horas eran durante el día o la noche. Los investigadores detectaron que la energía diaria total utilizada por los participantes disminuyó cuando estuvieron en un horario de trabajo por turnos.
Probabemente, esa reducción estaba vinculada a la falta de correspondencia entre las actividades de la persona y su reloj circadiano, según Wright. Los seres humanos han evolucionado para estar despiertos y, por lo tanto, comer, cuando hay luz en el exterior y dormir cuando está oscuro, de forma que, en gran parte, el reloj circadiano humano se establece por la exposición a la luz solar.
Los relojes circadianos de las personas pueden cambiar con el tiempo, incluso radicalmente, por ejemplo, con el uso de luces artificiales, pero, como los trabajadores por turnos suelen llevar un horario diurno en sus días libres, sus relojes biológicos no cambian para adaptarse a sus horarios de turno de noche. "El trabajo por turnos va en contra de nuestra biología fundamental", sentencia Wright, también profesor asociado de fisiología integrativa.
"El trabajo por turnos requiere que nuestro tiempo biológico se produzca por la noche y nuestra noche biológica sea durante el día, y eso es muy difícil de lograr debido a que el sol es una potente señal. Podemos tener algún cambio en nuestro reloj --un par de horas-- pero entonces en los días libres, se vuelve al horario normal. De esta forma, los trabajadores por turnos nunca se adaptan", alerta.
El equipo de investigación se sorprendió al encontrar que los participantes en el estudio quemaban más grasa cuando dormían durante el día, en comparación a cuando dormían por la noche. No está claro por qué sucedía, pero Wright cree que es posible que la quema de grasa adicional se desencadenara el día de transición entre un horario de día y un horario nocturno.
En ese día, los trabajadores por turnos a menudo echan una siesta por la tarde para prepararse para el primer turno de noche, pero en total, por lo general, están despiertos más horas de lo habitual y, por lo tanto, queman más energía. La necesidad de una demanda adicional de energía puede hacer que el cuerpo comience a quemar grasa, plantea Wright.
Se necesita más investigación para determinar si el fenómeno de la quema de grasa sucedería entre los trabajadores por turnos reales, cuya dieta no es extricamente controlada, añade Wright. Por ejemplo, las personas que trabajan por turnos pueden comer más calorías en el día de transición --una opción no disponible para los participantes del estudio--, lo que podría eliminar la necesidad de que el cuerpo comience a quemar grasa.
Sin embargo, los hallazgos sugieren que este colectivo puede ser propenso no sólo a aumentar de peso sino también a que cambie la composición de la grasa y la masa muscular de sus cuerpos. Wright advierte que a pesar de que los participantes quemaron más grasa inicialmente, esto no daría lugar a una pérdida de peso total porque el gasto de energía durante los tres días de trabajo por turnos fue menor.
Este científico señala que se necesita más trabajo antes de hacer recomendaciones concretas sobre la forma de mejorar la salud de los trabajadores por turnos, pero el nuevo estudio proporciona un punto de partida. "Lo que podemos decir es que tal vez sea más importante que los trabajadores por turnos lleven una dieta saludable, así como practicar una buena cantidad de actividad física", aconseja.